Hoy es un día muy especial, me vienen a la memoria emociones, que cobran vida a través del coraje, la valentía, la creatividad. Porque son ellas las protagonistas, las costureras, las mujeres que trabajan en casa con su máquina y se dedican a ella en cuanto acaban las labores del hogar, las estudiantes que cosen para sacarse los estudios, las mujeres inmigrantes, las maltratadas que se esmeran cosiendo cojines, bolsos, mantelerías, dos días en el taller de costura Kassumay-Alanna. Y las mujeres del Senegal,  que  a través de la costura luchan por existir.

Voy a contaros una pequeña historia sobre Mushu,  mujer mandinga, si, es la de la foto, y es mi amiga del alma en el Senegal. Ella siempre es fuente de inspiración para mi,  me dice que nada es imposible, que todo se puede hacer, que hay que tener voluntad, así de sencillo. Kassumay iniciaba su andadura. Eran los primeros viajes, los primeros contactos, tanto que hacer…y sin saber por donde empezar. Mushu tenía tres hijos, ahora tiene seis. A pesar de la dureza de sus rutinas, ya solo en cocinar emplea casi toda la mañana, quería trabajar, darle a sus hijos todo lo mejor que ella fuera capaz de dar. Me acuerdo perfectamente como me impresiono nuestra  conversación, ¡cómo poder ayudarla!, su fuerza de voluntad me atrapó, su humildad y su honestidad me impulsaron. Pensé que no era un caso asilado, muchas mujeres estarían en la misma situación.

Una vez en España le di vueltas y mas vueltas y lo compartí con un amigo, que en breve, lo supe después, viajaría al mas allá. Vivía en una casa preciosa, toda la decoración de su casa la confeccionó con sus manos y una máquina de coser, que con mucha gracia decía “siempre esta en los momentos mas difíciles”. Era verdad, Juan expresaba toda su creatividad a través de esa máquina de coser, de ESTA máquina de coser que aparece en la foto.

Hablamos mucho sobre nuestras cosas, y sobre la máquina de coser, Juan estaba preocupado sobre el destino de la máquina una vez el ya no estuviera…. y ya veis que pasó, la máquina de coser viajó en una maleta que cargué con mucho amor hasta llegar a su destino….Mushu. Al cabo de unos años Mushu cose todavía con la máquina pero también 10 mujeres mas le acompañan, en el taller de costura que Kassumay constituyó en Pikine, el Senegal.

Juan ya no está aquí pero desde el cielo ve como su pequeña máquina de coser sigue acompañando a mujeres que lo necesitan.

¡Viva las mujeres costureras! Con ellas yo siempre yo quiero estar.

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